La recuperación del calado de San Gregorio -una de las tradicionales bodegas excavadas en la tierra- ofrece la posibilidad de adentrarnos en la cultura y la evolución de la elaboración de los primeros "riojas" a lo largo del tiempo y, por lo tanto, de la historia de la ciudad de Logroño.
Adentrarse en las condiciones de temperatura, penumbra, y humedad que definen las bóvedas de sillería nos permite imaginar cómo se desarrollaba el proceso de envejecimiento de los "riojas" en pleno siglo XVIII.
El calado de San Gregorio es también una invitación a dibujar mentalmente el entresijo de bodegas de origen familiar que recorren las entrañas del Casco Antiguo de Logroño; una auténtica red de infraestructuras vitivinícolas que salpican las calles del corazón histórico de la ciudad de prensas, lagares y lagos.
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